miércoles, 17 de septiembre de 2014

TP1b- Evaluación subgrupal de la Jornada Recreativa-formativa en DyMEA2

1. Las vivencias personales como participantes en la Jornada Recreativa-formativa y como coordinadores/as de la actividad propuesta e implementada.

Alejandra Andreone:
El comienzo con la actividad de discusión grupal y debate sobre el iuna mismo me entusiasmó mucho. Me hubiera quedado en ese debate, en ese encuentro de reflexión sobre nuestra formación durante horas. Luego vino la inevitable representación, que tanto me incomoda, pero que sobreviví (mos) rápidamente. Luego de ese trabajo, vinieron propuestas de caminar, relajarnos, mirarnos, encontrarnos con el cuerpo y hasta descalzarnos!! Que atrevimiento. Si bien no me gusta o, más precisamente, no me gusta encontrarme con estas propuestas sin previo aviso, me alegró sentir que mis compañeras/os del profesorado coordinen las propuestas con tanta precisión y soltura. Si bien descalzarme no es la idea que más me simpática, valoro mucho la audacia de las compañeras en proponer eso. A esa altura ya estaba cansada como si fueran las seis de la tarde. Evidentemente tengo una rutina mucha más pasiva y menos expositiva en mis mañanas…. Luego del receso nos tocaba coordinar. Ahora pienso que la mañana tuvo también esa carga de tensión, porque luego de nuestra coordinación todo fue mucho más placentero. Caminar e ir imaginando nuestra huella en el piso, me pareció muy interesante esa forma de pensarse colectivamente, con el dibujo de todos/as en el suelo. Luego el “dibujo descompuesto” es el juego de cabecera a la hora de los mimos en mi casa. Archiconocido, placentero y divertido, me sentí muy a pleno con ese tipo de actividad que mezcla lo sensitivo con el juego.
En la coordinación de nuestra actividad, me sentí bien, cómoda. No es un rol que me incomode. Nuestra propuesta no era de guiar tanto, sino de acompañar, de proporcionar un disparador y eso reduce la presencia de la coordinación. De hecho, al ser 5 coordinadores/as (un montón) me sumé al grupo de música a colaborar porque me pareció que aportaba más ahí que sobre-coordinando. O sea, en el desarrollo, participé de la actividad como una más, sin dejar de ver y pensar en el conjunto. Cruzando ideas y miradas con el subgrupo todo el tiempo. Pero sin estar en un lugar diferenciado. A la distancia me parece que estuvo bueno que haya propuestas guiadas tan detalladas y otras mucho más abiertas.

Ariel Argüello: 
Todo tipo de experiencias lúdicas o recreativas que utilizan el cuerpo como soporte suelen representar un aspecto problemático para mi pues implica no solo poner sino poner-se en relación con otro, en muchos casos desconocido. Esta dinámica grupal que tantas veces transitamos en nuestro trayecto formativo no siempre se presenta como una experiencia lúdica y entretenida, sino que a veces resulta verdaderamente incomodo.
La gran mayoría de las actividades que llevamos a cabo durante la jornada implicaron precisamente utilizar el cuerpo, ya sea caminando, recorriendo, tocando, etc. y eso supuso un desgaste enorme de energía de mi parte. En efecto tuve la sensación que cada una de ellas duró muchísimo tiempo, cuando en realidad no demandaron más de 15 o 20 minutos. 
Sin embargo, las que se desarrollaron dentro del ámbito de las artes visuales (mi disciplina) me resultaron más cómodas, familiares y divertidas. Aquella que hizo que nos dispusiéramos en ronda, mirando la espalda del compañero me pareció una de las más originales y la que mejor se desarrolló en términos de planificación y resultados. Si bien era necesario tocar la espalda del otro, recorrerla, masajearla no me pareció incómodo como aquellas en las que se debía caminar, o descalzarse o ponerse en parejas con otro.
A estas sensaciones se sumaron, los preparativos de nuestra propia actividad que si bien ya estaba pensada y planificada, debió ser armada en términos de quien se ocuparía de cada cosa, como sería la distribución de materiales e instrumentos, etc. 
Hasta llegar a esa instancia de nuestra actividad, todas las anteriores y las posteriores fueron vivenciadas por mí como experiencias enriquecedoras que me permitieron conectarme con aspectos creativos, reflexivos y transformadores,  pero no por ello totalmente gratos.  

Lucila Belcic
Los jueves suele ser el día que corporalmente empiezo a sentir el cansancio de la semana. La propuesta de la jornada y la actividad que coordinaría me hizo ir hacia la facultad con una expectativa particular esta mañana.
Llegué  al inicio de la clase con algunas sospechas de los que sucedería. Tenía un poco de entusiasmo y bastante incertidumbre. Encontré actividades en las que participaríamos todos juntos a la vez. Personalmente me sucede habitualmente que en las actividades grupales de este tipo en el IUNA no logro relajarme lo suficiente. Siento que el clima es tenso y no hay una entrega completa a la actividad a la hora de exponer el cuerpo.
Sin embargo me gusta trabajarlas, no es que las padezco, y pongo voluntad en participar porque me interesa la experiencia y me compromete la participación con mis compañeros.
No sé bien a qué se debe pero no encuentro la compenetración completa en este tipo de actividades. Recuerdo experiencias semejantes  en otros grupos donde podía logralo .Y me pienso a mí misma. Y supongo entonces que es porque creo que el grupo no está lo suficientemente integrado. No encuentro en él la confianza suficiente como para no sentir disconformidad ante la propuesta de descalzarme. O es que estoy cansada, o quizas que tengo frío, o que está sucio. (O un poquito de todo)
Durante las actividades trabajé bien. Pero ante la propuesta del contacto con el cuerpo del otro no puedo dejar de sentir un poco de inhibición. También cierta desconexión en mí tenía que ver con la incertidumbre y la expectativa que me generaba la coordinación de nuestra actividad después del recreo.
La primera parte me llamó la atención las coincidencias en los dibujos sobre las problemáticas en el IUNA. Trabajé con una chica que no conocía y me resultó difícil la actividad de dibujar sobre los rostros o manos ajenas. Y en algún momento caminar para el caldeamiento se hizo bastante monótono.
Me gustó mucho lo que surgió en nuestra actividad. Me preocupaba poder explicar bien la consigna. La idea de traducir la música en la pintura, el desplazamiento del cuerpo. Que se viera la intención de la rítmica en el dibujo. Pero que la ansiedad no me llevara a imponer un objetivo. Guiar en ese sentido, pero no condicionar ni intervenir sobre la experiencia. Me pareció que todos como grupo logramos soltar en ese momento. Trabajar juntos. Y la experiencia fue disfrutable para los participantes. Me sentí conforme con mi intervención y la disfruté. Me sentí muy bien con los resultados y lo que logramos entre todos fue muy lindo.
Después de ese momento quedé agotada pero más relajada, y continué participando en las demás actividades. Me interesó mucho la consigna de caminar sobre el espacio pensando las líneas. Me pareció una novedad entender otras formas de componer especialmente en las que yo nunca había participado.

Laura Beltramini:
Considerando que era una clase en la universidad, me gustó mucho. La pasé bien y me permitió conocer a los compañeros que comparten la cursada. Por lo general, cuando es una clase teórica es más difícil individualizar a los compañeros. Se notó que cada grupo le dio una impronta a la actividad según su disciplina artística y eso me resultó muy interesante.
Me conecté con todas las actividades, aquellas que eran más tranquilas, que buscaban la relajación y el conocimiento de uno mismo, y también con las que requerían más movimiento o ponerse a pensar sobre las problemáticas estudiantiles. Me gustaron las de significaban mayor movimiento, como las de caminar, imitar al compañero, dibujar en las espaldas y representar una problemática, pero también me pareció bueno que las de relajación estuvieran intercaladas.
Particularmente en la actividad sobre toma de conciencia de las partes del cuerpo, si bien me saqué las botas porque la actividad proponía descalzarse, no me sentí del todo cómoda porque me parecía que me iba a enfriar si lo hacía.
Estuvo bueno saber de antemano de qué se trataba la jornada porque nos predispuso como grupo entero al trabajo propuesto por cada grupo pequeño.
Como coordinadora de actividad junto con mi grupo, me encontré con muy buena predisposición a participar en el trabajo. Al interior de nuestro subgrupo algunos/as coordinaron la parte de danza, otros/as la de plástica y yo me encargué de la parte de música. Percibí que quienes se acercaron a la mesa donde se encontraban todos los instrumentos de percusión tenían muchas ganas de tocar. Mentalmente había planeado ir pasando de a uno distintas rítmicas sobre la base de un pulso, pero me encontré con que le pasaba un ritmo a una persona y todo el grupo lo tomaba y lo ejecutaba inmediatamente en el instrumento elegido, así que fue un poco más difícil de lo que pensé lograr combinar distintas rítmicas. Sobre la marcha simplifiqué algunas rítmicas para que fueran más conocidas (por ejemplo usé clave de candombe) y con algunas poquitas señas se logró armar un ensamble de percusión coordinado y con continuidad para que se pudiera desarrollar la consigna del mural y el baile".

Lucía Lietti:
Personalmente este tipo de actividades me incomodan, me ponen más tensa y nerviosa, no logro relajarme y esta no fue la excepción, a me medida que iban pasando las actividades me fui tensionando y veía como otros alrededor se relajaban, disfrutaban y otros que sufrían como yo. En la última actividad antes del descanso, pude relajarme y sentir la conexión con mis compañeros, quizá porque ya estaba cansada y mis barreras estaban bajas, o porque por fin me permití relajar. Después del descanso nos tocó coordinar la actividad que habíamos planificado con mis compañeros. Me encargue del grupo que iba a bailar en la actividad, me sentí muy bien las chicas de las diferentes danzas estaban ansiosas, felices, alegres de poder bailar, así  que más que coordinar la actividad mi tarea fue la guiar e ir indicando mínimos pasos a dar para que se concrete la idea que teníamos en el grupo. Fue una actividad con mucha energía después de otras más tranquilas y relajadas, parecía que todo el mudo tenía ganas de participar activamente y el resultado fue fabuloso, las chicas bailaron, otros tocaron y el resto pinto, influidos cada uno por la actividad del otro. La música fue fundamental ya que hizo que la actividad se convirtiera en un solo movimiento con diferentes resultados.
Las actividades que siguieron me gustaron ya que eran propuestas muy creativas, más que nada la de dibujar en la espalda del compañero eso me pareció muy original. Se podía sentir como el cuerpo trasmite las sensaciones y las puede plasmar, además de ser una de las actividades que me resultó más divertida y creo que en la diversión me puedo relajar más y conectarme con los otros a través de la risa.

Natalia López:
Personalmente las actividades como  las que estuvieron propuestas, me cuestan mucho, el exponerme ante mis compañeros, descalzarme, caminar, actuar, son cosas que me cuestan, como siempre uno teme al ridículo, si bien es algo que hago puesto que parte de mi producción como artista cuenta con una cuota de performance, todavía no logro soltarme cuando alguien me lo pide, tengo que decirlo yo, tiene que ser parte de mi juego.
De todas formas las actividades estuvieron bien planteadas, me dispararon ideas y pensamientos  nuevos, pero no dejaba pensar, “ a qué hora va terminar esto” .
Si bien las actividades tuvieron un  tono relajante en muchos casos hasta llegue a sentirme comoda como cuando, nos encontramos con los ojos cerrados y en total armonía, logre tomar conciencia de las actividades propuestas.
Con respecto a la que tuvimos que coordinar fue muy interesante lo que surgió como nos conectamos con las distintas disciplinas. Para lograr algo homogéneo,  desde lo mucho o poco que cada uno sabia del otro, de lo que podía lograr.


2. La coevaluación -junto con los integrantes de tu subgrupo- de la implementación de la Jornada recreativa-formativa de acuerdo con la meta y el objetivo general previsto en el Proyecto de dicha Jornada por todo el grupo de cursantes de DyMEA2. 

Nos parece que en general durante la jornada hubo muy buena predisposición y buen clima de trabajo. Todos/as estábamos bien predispuestos a participar y responder a las consignas. Por parte de quienes coordinaron se notó mucho compromiso, respeto, estimulación, consignas e ideas claras que todos/as pudimos transitar. Asimismo, al tratarse de actividades que fueron pensadas como recreativas para un grupo de estudiantes de artes, en todas ellas se puso el acento en aquello que cada una de las disciplinas tiene de más distintivo, así como también en su combinatoria para no dejar afuera a ninguno de los estudiantes, mas allá de su campo disciplinar. Esto posibilito el dialogo, la posibilidad de acoger la diversidad como variedad, riqueza, multiplicidad, variedad, estimulo ( Drazer, 2003:57).
En general predominaron las propuestas que involucraron poner el cuerpo, ya sea para caminar, recorrerlo y redescubrirlo, dibujarlo y jugar con él o relajarlo y conectarse con el/la otro/a. En este sentido, si bien muchos/as luego confesaron no haberse sentido tan cómodos/as con estas actividades, todos/as participaron y cumplieron con las propuestas de los/as compañeros/as. Ya sea por las genuinas ganas de sumarse a las consignas, por el gesto solidario ante el resto de la cursada o por el mandato de cumplir con lo que esperan de nosotros/as. No hubo resistencias (explícitas) a participar y seguir cada paso sugerido por quienes coordinaron. En este punto es oportuno aclarar que en todo nuestro recorrido formativo es habitual escuchar justificaciones de alumnos que pertenecen a una u otra disciplina, vg: “los alumnos de artes visuales trabajamos en soledad y nos cuesta poner el cuerpo en relación a otras personas”, “los alumnos de teatro, música o folclore no tenemos idea de qué y cómo dibujar”, “etc. Sin embargo, si bien subsisten estos juicios y se manifestaron una vez más en la jornada que nos ocupa,  los mismos no imposibilitaron el desarrollo de cada una de las actividades.
De acuerdo a las metas pautadas, nos pareció que sólo en algunas actividades predominó la idea de integración. Que no estuvo tan presente en general. Que el acento estuvo puesto en el estímulo sensorial, en algunos casos más desde lo individual y en otros apelando a lo colectivo. Sin embargo, el hecho de compartir dichas actividades ya genera un vínculo y una conexión con el resto distinta. Pudimos compartir lenguajes, integrarlos y vivenciarlos cada uno/a a su manera. Dándonos un lugar a la voz a cada uno/a al finalizar las actividades para poder expresar lo que sentimos, pensamos y nos dejó cada experiencia.
Esto genera inevitablemente una conciencia de grupo más profunda y genuina pues se trata de ponerse en relación con compañeros con quien uno transita cotidianamente un mismo espacio, con quienes comparte idénticas problemáticas y vivencias que hacen a lo que significa ser alumno del área de formación docente y al IUNA en general.  


3. La coevaluación sub grupal -atendiendo en especial los desafíos hallados en la tarea- de: a) el proceso de elaboración de la actividad propuesta por el propio subgrupo (desde la consigna dada en clase hasta el envío de la actividad al correo de la cátedra); y b) la implementación de la actividad propuesta por el mismo subgrupo en la Jornada.[1]

El proceso de elaboración de la actividad propuesta por el propio subgrupo
En la actividad que planificamos surgió el entusiasmo de incorporar la música como elemento de unión de las actividades, en el grupo hay solo una compañera de música y el resto somos todos/as de visuales. Nos parecía interesante la idea de integrar la música con la plástica- pues  si bien en otras tantas asignaturas existe la idea de llevarlo a cabo, en pocas ocasiones es posible materializar dicha comunión de disciplinas en una misma activad que logre vincularlas y concretarlas- de armar un mural sonoro o una partitura espontánea. En el proceso se fueron dando varias ideas que algunas chocaron entre sí al hacer la planificación de la actividad por mail. Igualmente llegamos al día de presentar la actividad con una idea clara de lo que queríamos lograr, qué tiempos y materiales usar y qué consignas pautar en cada momento.

La implementación de la actividad propuesta por el mismo subgrupo en la Jornada.

En la implementación, el inicio de la actividad nos resultó un poco desorganizado pues estábamos dispersos y no lográbamos acordar el cómo sería cada una de las instancias y quién comenzaría por plantear la actividad después del descanso. Así pues, no hubo un comienzo claro.  Sin embargo, el espacio abierto, no tan pautado de la actividad, dio pie a que la actividad fuera más fluida. Veníamos de muchas actividades guiadas de relajación y la energía estaba muy predispuesta a una actividad más dinámica. Dividimos los grupos, dimos las pautas principales y casi solo cada grupo comenzó a trabajar. El que formó la orquesta fue el más coordinado y fue el que guío toda la actividad haciendo que se unificaran las otras disciplinas. En el transcurso de la actividad se dieron modificaciones, por ejemplo que los grupos de danza y música se movieran por el espacio, algo que no habíamos planificado pero que funcionó como estímulo muy rico para que cada grupo se interrelacione. 


4. Un listado de los desafíos que consideren suscita la coordinación general de una Jornada recreativa-formativa de iguales o similares características a las de la transitada.

Listado:
-Acordar las metas colectivamente. 
-Poner en común cómo entiende cada uno que se concretaría la meta buscada.
-Coordinar tiempos, espacios y recursos, teniendo presente para quiénes y con quiénes se llevará a cabo la propuesta recreativa. 
- Distribuir las tareas que llevará a cabo cada miembro de subgrupo que coordina  (roles) en base a un acuerdo previo (quién registra, quién indica las consignas, quién acompaña, quién dirige una puesta en común, por ejemplo).
 -Pautar los momentos (tramos, instancias) de la actividad de modo que todos los participantes concreten la experiencia propuesta (dar cuenta de tiempos reales y tiempos pautados). 
-Prever los factores culturales, edades de los participantes, etc. que puedan influir en la concreción de la propuesta, por ejemplo, incomodidad por ser tocado por una persona desconocida o dificultad para sentarse en el piso, etc. 
-Atender las necesidades de los participantes, que pueden ser explícitas o implícitas, consientes o inconscientes, pero que constituyen el motor de la conducta humana (Moreno 2006:93).
-Equipo de coordinación abierto y flexible para poner cambiar lo estipulado sobre la marcha en caso, por ejemplo,  de que no se comprenda la consigna o que diversos factores compliquen la participación en la propuesta de recreación.
-No perder el rumbo de la actividad.
-No perder de vista a los compañeros del grupo en si.
-No desviar la atención de la actividad concreta pero permitiendo asimismo el goce y la libertad de acción de cada uno de los participantes. 


5. Bibliografía de referencia

-Burbules, Nicholas, El aprendizaje ubicuo, en:

-Drazer, Noemi, Nos-otros. La aceptación de la diversidad en el sistema educativo, 2003, Nuevohacer Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires.

-Moreno, Inés. Recreación. Proyectos-Programas-Actividades. Tomo 1. Ed.  Lumen-Humanitas, 2006, Buenos Aires.

-Tedesco, J. C., Educar en la sociedad del conocimiento, Fonde de cultura económica, 2005, Buenos Aires.